Pocos nutrientes tienen una distancia tan grande entre lo que la cultura popular cree sobre ellos y lo que la evidencia científica realmente muestra como la vitamina C. La imagen del tubo efervescente de Redoxon disuelto en agua como escudo contra la gripe es una de las más consolidadas en el imaginario de la salud en México y toda América Latina, pero la revisión sistemática de los ensayos clínicos disponibles cuenta una historia más matizada y en muchos aspectos diferente.
Qué hace realmente la vitamina C en el organismo
La vitamina C (ácido ascórbico) es un micronutriente esencial que el ser humano no puede sintetizar y que cumple funciones biológicas críticas: es cofactor en la síntesis de colágeno (proteína estructural de piel, vasos, cartílago y hueso), potente antioxidante que neutraliza radicales libres, facilitador de la absorción del hierro no hémico, y modulador del sistema inmune innato y adaptativo. Su deficiencia severa produce escorbuto, una enfermedad rarísima en la actualidad en países con alimentación mínimamente variada.
Para el resfriado: lo que dicen los metaanálisis
La revisión Cochrane de 2013 actualizada en años posteriores, que analizó más de 29 ensayos clínicos con más de 11,000 participantes, encontró que la suplementación regular con vitamina C no reduce la incidencia del resfriado común en la población general.
Sí produce una reducción modesta de la duración del resfriado (aproximadamente medio día en adultos, algo más en niños) cuando se toma de forma preventiva y continua antes de la infección, pero sin efecto preventivo sobre la probabilidad de contraerlo.
Tomar vitamina C después de que los síntomas ya comenzaron tampoco reduce la duración ni la severidad en los ensayos disponibles. La percepción de que “ayuda a recuperarse antes” es principalmente un efecto placebo o de sesgo de confirmación.
Dónde sí tiene beneficio documentado
- Prevención del escorbuto: evidente, pero irrelevante para la mayoría de la población con alimentación variada
- Personas bajo estrés físico extremo (soldados en entrenamiento ártico, corredores de maratón): en estos grupos, la suplementación con vitamina C sí reduce la incidencia de resfriados en aproximadamente un 50%
- Absorción de hierro: consumir vitamina C junto con fuentes de hierro no hémico aumenta significativamente su absorción intestinal, relevante para personas con anemia ferropénica o riesgo de déficit de hierro
- Cicatrización y salud de la piel: la evidencia de que el colágeno depende de la vitamina C se traduce en beneficio real sobre la cicatrización de heridas en personas con estados de déficit
¿Cuánto es suficiente?
La ingesta diaria recomendada para adultos es de 75-90 mg, fácilmente alcanzable con una naranja mediana (70 mg) o medio pimiento rojo crudo (150 mg). La absorción intestinal de vitamina C es saturable: a ingestas de más de 200 mg, la absorción disminuye progresivamente y el exceso se elimina por orina.
Las dosis de 500-1000 mg típicas de suplementos como los efervescentes no producen beneficio adicional sobre dosis de 100-200 mg en personas sin déficit.

¿Tiene sentido suplementar?
Para personas con alimentación variada y acceso a frutas y verduras frescas, la suplementación de vitamina C tiene beneficio marginal. Tiene sentido en fumadores (que tienen mayor recambio de vitamina C y menores niveles séricos), personas con dietas muy restrictivas, personas en recuperación de cirugías o heridas, y en la prevención de déficit de hierro cuando no se consume suficiente hierro hémico.
La forma efervescente o en tabletas masticables no tiene ventaja de biodisponibilidad sobre el ácido ascórbico convencional a iguales dosis.
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